Durante décadas, la idea de que la firma permite conocer la personalidad de una persona alimentó libros de grafología, procesos de selección de personal y numerosas interpretaciones populares. Una inicial grande asociada con un ego elevado, una firma pequeña vinculada con timidez o una rúbrica ilegible interpretada como misterio son algunas de las creencias más difundidas.
Sin embargo, la evidencia científica acumulada durante las últimas décadas muestra un panorama muy distinto. Mientras que la grafología carece de respaldo para evaluar la personalidad, algunas investigaciones sí encontraron asociaciones muy concretas entre determinadas características de la firma y ciertos rasgos específicos, aunque lejos de las afirmaciones tradicionales.
La grafología sostiene que es posible inferir características psicológicas mediante el análisis de la escritura manuscrita y de la firma. Sin embargo, esta disciplina no ha logrado demostrar una capacidad consistente para evaluar la personalidad ni predecir el comportamiento humano.
Uno de los trabajos más influyentes sobre este tema fue el metaanálisis “The Predictive Validity of Graphological Inferences: A Meta-Analytic Approach”, realizado por Efrat Neter y Gershon Ben-Shakhar y publicado en Personality and Individual Differences.
Tras analizar numerosos estudios, los autores concluyeron que las inferencias grafológicas no presentan capacidad predictiva significativa para evaluar la personalidad o el desempeño laboral.
En la misma línea, la Sociedad Británica de Psicología (British Psychological Society, BPS) considera que la grafología carece de evidencia científica suficiente y no recomienda su utilización en procesos de selección de personal ni en evaluaciones psicológicas.
Aunque la grafología en conjunto no obtuvo respaldo científico, una investigación analizó una característica muy específica: el tamaño físico de la firma.
El estudio “Signature size signals sociable dominance and narcissism”, elaborado por Alvaro Mailhos, Abraham P. Buunk y Álvaro Cabana y publicado en el Journal of Research in Personality, utilizó mediciones computarizadas para analizar cientos de firmas y compararlas con pruebas psicológicas validadas.
Los investigadores observaron que las firmas de mayor tamaño tendían a asociarse con mayores niveles de dominancia social, entendida como la tendencia a ocupar posiciones centrales dentro de los grupos y buscar protagonismo en las interacciones sociales.
Además, encontraron una asociación con rasgos narcisistas únicamente en mujeres, mientras que esa relación no apareció en los hombres.
Los propios autores remarcaron que estas asociaciones fueron modestas y que el tamaño de la firma no permite elaborar perfiles completos de personalidad.